Creo de interés la lectura del artículo que con este título ha publicado María del Cristo Hernández de la Coba  profesora del IES Lomo de La Herradura.

Según las nuevas directrices de Europa a partir de ahora los alumnos deben salir con una titulación que acredite su formación, para ello los Programas de Garantía Social han dejado de tener su utilidad y por eso los PCPI vienen a reemplazarlos. Los profesores que han llevado a cabo durante muchos años los PGS explican y argumentan las ventajas de dichos programas y como fue evolucionando favorablemente hasta que se consolidaron en el sistema educativo. Una vez conseguido y que se daba respuesta así a un perfil de alumnado desaparece dentro de las ofertas de la enseñanza sin previo aviso. Y entra en vigor los Programas de Cualificación Profesional Inicial en la Comunidad Autónoma Canaria en el curso 2008/09.

La gran mayoría de los alumnos que han accedido a estos programas son aquellos que han repetido en varias ocasiones, que han tenido experiencias negativas en los centros de secundaria (IES), con una autoestima baja, con problemas sociales y un largo etc. Además de no tener interés por los estudios, ellos mismos contestan una y otra vez que su problema actual es que no quieren estudiar, les agobia día a día el enfrentarse durante seis horas a una misma dinámica en la cual no encuentran aliciente, no les motiva lo que se les ofrece porque no le ven su utilidad.

Hay que añadir un dato muy importante y significativo, el profesorado asignado a impartir estos programas tampoco encuentra la forma adecuada de llegar a ellos. No contamos con la formación apropiada ni con los recursos adecuados para atender a un número elevado por clase, teniendo en cuenta la dificultad que ello conlleva.

Las preguntas que nos hacemos los responsables de estos nuevos “Programas” son:
¿Se soluciona así el elevado índice de fracaso escolar?
¿Conseguiremos mejorar en el ranking de los países con mejores resultados en educación?
¿Estamos haciendo un favor a estos alumnos/as dándole un título en ESO?
¿Somos partícipes y cómplices en el engaño al alumnado y a las familias?

¿Por qué no enseñarles una profesión y cuando ellos maduren y realmente quieran y deseen aprender de forma voluntaria accedan a las escuelas de adultos?

¿Por qué no llevar a cabo políticas sociales que favorezcan convenios entre Educación, Ayuntamientos y Empresarios para formar a estos jóvenes que actualmente lo que quieren es aprender una profesión?

Con la participación de estas instituciones y un análisis de mercado se podría ofertar lo que más demanda se produzca dando respuesta a un problema social que en estos momentos supone un gran escollo en la sociedad y ofrecer al mundo laboral personal cualificado.

Concluyendo, los adolescentes de 14 a 18 años con poca motivación por los estudios suponen un problema para las familias porque no saben que hacer con ellos, para educación porque engrosan de forma alarmante las cifras de fracaso escolar, para el profesorado por la frustración que se siente al no ver progreso y fundamentalmente para ellos que no consiguen el éxito esperado en lo que prometía ser su salvación.

Pongamos manos a la obra y entre todos los agentes que formamos parte de la sociedad busquemos la mejor solución. Invirtiendo en recursos y en políticas educativas que funcionen de forma adecuada para dar respuesta a este colectivo que será el futuro del mañana, o ¿no interesa formar gente crítica y sí que sean manipulables?

La demanda de este tipo de programas se va a disparar y no hay ni mucho menos las plazas que se precisan.