Los
Glúcidos están constituidos
por C,
H, y O (a veces tienen N, S, o P). El nombre de glúcido deriva de la
palabra "glucosa" que proviene del vocablo griego glykys
que significa dulce, aunque solamente lo son algunos monosacáridos y
disacáridos. Su fórmula general suele ser (CH2O)n
, donde oxígeno e hidrógeno se
encuentran en la misma
proporción que en el agua, de ahí su nombre clásico de hidratos de carbono,
aunque su composición y propiedades no corresponde en absoluto con esta
definición.
Azúcares:
Se caracterizan por su sabor dulce. Pueden ser azúcares sencillos
(monosacáridos) o complejos (disacáridos). Están presentes en las
frutas (fructosa), leche (lactosa), azúcar blanco (sacarosa), miel (glucosa +
fructosa), etc.
Los
monosacáridos son sólidos, cristalinos, incoloros, solubles en agua y de
sabor dulce. Químicamente son polihidroxialdehídos o polihidroxicetonas.
Responden a la fórmula empírica (CH2O)n, en la que n tiene un valor igual
o mayor que 3, siendo los más frecuentes los de 5 y 6 átomos de carbono.
Presentan
en todos sus carbonos un grupo hidroxilo
(-OH),
excepto en uno, en el cual lleva un grupo carbonilo
(
).
Si
el grupo carbonilo se encuentra al final de la cadena, el monosacárido es un
aldehído, y se denomina aldosa. Si se encuentra en un carbono
secundario es una cetona, y se llama cetosa.
Ejemplo:
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Aldosa
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Cetosa
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El
más común y abundante de los monosacáridos es la glucosa. Es el
principal nutriente de las células del cuerpo humano a las que llega a
través de la sangre. No suele encontrarse en los alimentos en estado libre,
salvo en la miel y algunas frutas, sino que suele formar parte de cadenas de
almidón o disacáridos. La glucosa es un monosacárido cuya molécula
contiene un grupo aldehído y cinco hidroxilos:
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Glucosa
aldohexosa
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La sacarosa o azúcar común es un disacárido constituido por glucosa y
fructosa. Se encuentra principalmente en la caña de azúcar y en la
remolacha.
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Principales
monosacáridos
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D-Glucosa
(aldohexosa)
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D-Ribosa
(aldopentosa)
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D-Fructosa
(cetohexosa)
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Estructura cíclica. Los grupos
aldehídos o cetonas pueden reaccionar con un hidroxilo de la misma molécula
convirtiéndola en anillo.

Ciclación de la glucosa (forma piranosa)

Ciclación de la fructosa (forma furanosa)
Si el aldehído reacciona con el -OH se forma un
hemiacetal y un hemicetal si es la cetona la que produce dicha reacción. En
todo caso hablamos de enlaces intra moleculares. El anillo puede ser pentagonal
o furanósico (por su semejanza al furano), o hexagonal o piranóxico (por su
semejanza al pirano).
Entre
los azúcares complejos o disacáridos, destaca la sacarosa
(componente principal del azúcar de caña o de la remolacha azucarera) que
está formada por una molécula de glucosa y otra de fructosa.

Esta unión se
rompe mediante la acción de un enzima llamada sacarasa,
liberándose la glucosa y la fructosa para su asimilación directa. Otros
disacáridos son la maltosa, formada por dos unidades de glucosa, y la lactosa
o azúcar de la leche, formada por una molécula de glucosa y otra de
galactosa. Para separar la lactosa de la leche y poder digerirla en el
intestino es necesaria un enzima llamada lactasa. Normalmente
este enzima está presente sólo durante la lactancia, por lo que muchas
personas tienen problemas para digerir la leche.
Almidones
(o féculas):
Son
los componentes fundamentales de la dieta del hombre. Están presentes en los
cereales, las legumbres, las patatas, etc. Son los materiales de reserva
energética de los vegetales, que almacenan en sus tejidos o semillas con
objeto de disponer de energía en los momentos críticos, como el de la
germinación.
Químicamente
pertenecen al grupo de los polisacáridos, que son moléculas formadas
por cadenas lineales o ramificadas de otras moléculas más pequeñas y que a
veces alcanzan un gran tamaño. Para asimilarlos es necesario partir los
enlaces entre sus componentes fundamentales: los monosacáridos. Esto es lo
que se lleva a cabo en el
proceso de la digestión mediante la acción de enzimas específicos. Los
almidones están formados por el encadenamiento de moléculas de glucosa, y
las enzimas que lo descomponen son llamadas amilasas, que están
presentes en la saliva y los fluidos intestinales. Para poder digerir los
almidones es preciso someterlos a un tratamiento con calor previo a su
ingestión (cocción, tostado, etc.). El almidón crudo no se digiere y
produce diarrea. El grado de digestibilidad de un almidón depende del tamaño
y de la complejidad de las ramificaciones de las cadenas de glucosa que lo
forman.
Fibra:
La
fibra está compuesta por las partes no digeribles de los alimentos vegetales.
Ayuda a prevenir enfermedades
coronarias y el cáncer de
intestino.
La
fibra que comemos procede de la cáscara del grano, de la piel y de la carne
de las frutas, así como de la materia dura y fibrosa de los vegetales, la
cual, al pasar por el estómago y el intestino, no puede ser descompuesta por
los enzimas digestivos y, por lo tanto, no es
absorbida por el organismo.
Aunque
no posea ningún valor nutricional ni energético constituye un elemento vital
en la dieta diaria. Los alimentos ricos en fibra suelen proporcionar una mayor
sensación de saciedad y un menor aporte calórico.
El
componente principal de la fibra que ingerimos con la dieta es la celulosa.
Es un polisacárido formado por largas hileras de glucosa fuertemente unidas
entre sí. Es el principal material de sostén de las plantas, con el que
forman su esqueleto. Se utiliza para hacer papel. Otros componentes habituales
de la fibra dietética son la hemicelulosa, la lignina y las sustancias
pécticas.
Algunos
tipos de fibra retienen varias veces su peso de agua, por lo que son la base
de una buena movilidad intestinal al aumentar el volumen y ablandar los
residuos intestinales. Debido al efecto que provoca al retrasar la absorción
de los nutrientes, es indispensable en el tratamiento de la diabetes
para evitar rápidas subidas de glucosa en sangre. También aporta algo de
energía al absorberse los ácidos grasos que se liberan de su fermentación
bajo la acción de la flora intestinal.
Al
cocer la fibra vegetal cambia su consistencia y pierde parte de estas
propiedades, por lo que es conveniente ingerir una parte de los vegetales de
la dieta crudos.
La
fibra desempeña un papel clave en la conservación de la salud. Al
incrementar la cantidad de heces, facilita el paso de los desechos por los
intestinos absorbiendo simultáneamente el agua de los vasos sanguíneos
adyacentes, proceso por el cual se ablanda y facilita la evacuación,
previniendo el estreñimiento.
La
fibra también mejora la absorción de los nutrientes por parte del intestino
así como su paso a la corriente sanguínea; al reducir la absorción de las
grasas digeridas se reduce ligeramente el nivel del colesterol
y, por consiguiente, el riesgo de padecer una enfermedad coronaria.
Un
adulto debería comer 25 grs. de fibra diarios. No obstante, la dieta del
mundo moderno occidental contiene un elevado porcentaje de grasas animales y
carbohidratos y, muchas veces, carece de una cantidad adecuada de fibra.
¿Cómo
cubrir las necesidades de fibra?
Para
estar seguro de que realmente se ingiere una cantidad mínima de 25 grs. de
fibra diaria indicamos una serie de consejos para mejorar la alimentación:
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La
fibra alimentaria
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La
fibra es una mezcla de hidratos de carbono complejos y otros
componentes de los alimentos de origen vegetal. Se puede
incrementar la ingesta de fibra...
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Comiendo más cereales integrales y legumbres.
Iniciando el día desayunando cereales integrales o pan integral.
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Comiendo las frutas enteras en lugar de
zumos.
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Comiendo mucha verdura.
Incrementando la ingesta de manzanas,
brécoli y pomelos ya que son
alimentos ricos en fibra.
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RESUMEN
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En
los alimentos existen dos tipos de
glúcidos:
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Azúcares
simples
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Azúcares complejos o polisacáridos

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Tienen sabor dulce
Son de fácil digestión y rápido aporte energético.Por
ejemplo
La
glucosa de la miel.
La
fructosa de las frutas
La
lactosa de la leche
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No tienen sabor dulce
Se forman por la unión de varios azúcares simples
Hay dos tipos:

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Digeribles
(y
por tanto utilizables como fuente de energía)
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No
digeribles
(forman parte de
la fibra alimentaria)
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Por
ejemplo

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Por
ejemplo

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El
almidón de los cereales,
patatas y leguminosas.
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La
pectina abundante en la cáscara de los cítricos.
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Los
Glúcidos y la producción de energía
La
principal función de los glúcidos es aportar energía al organismo. De todos
los nutrientes que se puedan emplear para obtener energía, los glúcidos son
los que producen una combustión más limpia en nuestras células y dejan
menos residuos en el organismo. De hecho, el cerebro y el sistema nervioso
solamente utilizan glucosa para obtener energía. De esta manera se evita la
presencia de residuos tóxicos (como el amoniaco, que resulta de quemar
proteínas) en contacto con las delicadas células del tejido nervioso.
La glucosa es el combustible celular por excelencia, oxidándose con
oxígeno para dar CO2,
H2O
y
desprendiéndose energía, según la reacción siguiente:
C6H1206 + 6O2
6CO2
+ 6H2O
H
= -2870 KJ/mol
Este
proceso se realiza en las células a través de un conjunto complejo de
reacciones (glucolisis), cuya finalidad es el desprendimiento
gradual de energía para poder ser utilizada en otras formas químicas. El
rendimiento de la glucolisis es aproximadamente del 42 %.
Los
azúcares simples o monosacáridos: glucosa, fructosa y
galactosa se absorben en el intestino sin necesidad de digestión previa,
por lo que son una fuente muy rápida de energía. Los azúcares complejos
deben ser transformados en azúcares sencillos para ser asimilados.
Vital para la salud
Los expertos creen que
los carbohidratos deberían ocupar el
55% del total
de una dieta sana.
El almidón es la fuente óptima para obtener energía y debe siempre
preferirse a los azúcares. El pan integral es un excelente alimento, a pesar
de contener menos proporción de azúcar que el pan "blanco".
Igualmente la pasta, el arroz, la patata... son una buena fuente de
carbohidratos, muy recomendables para los deportistas.
Azúcar refinado o sin refinar: ¿Cuál es más saludable?
Los
carbohidratos no refinados tales como el pan y las pastas integrales tienen un
valor nutricional más elevado que los carbohidratos refinados. Para producir
un carbohidrato refinado, por ejemplo, el azúcar blanco o el arroz blanco, el
fabricante lo somete a un proceso a través del cual se elimina un gran
porcentaje de la fibra del alimento procesado que, simultáneamente, pierde
otras materias nutritivas tales como las vitaminas
y los minerales.
Por lo tanto, siempre se debería elegir carbohidratos no refinados.
Una
parte muy pequeña de los glúcidos que ingerimos se emplea en construir
moléculas más complejas, junto con grasas y proteínas, que luego se
incorporarán a nuestros órganos. También utilizamos una porción de estos
carbohidratos para conseguir quemar de una forma más limpia las proteínas y
grasas que se usan como fuente de energía.
Las reservas de
glúcidos: el
glucógeno
Prácticamente
la totalidad de los glúcidos que consumimos son transformados en glucosa y
absorbidos por el intestino. Posteriormente pasan al hígado donde son
transformados en glucógeno, que es una sustancia de reserva de energía
para ser usada en los períodos en que no hay glucosa disponible (entre
comidas). Según se va necesitando, el glucógeno se convierte en glucosa, que
pasa a la sangre para ser utilizada en los diferentes tejidos. También se
almacena glucógeno en los músculos, pero esta reserva de energía sólo se
utiliza para producir energía en el propio músculo ante situaciones que
requieran una rápida e intensa actividad muscular (situaciones de huida o
defensa). El glucógeno se almacena hasta una cantidad máxima de unos 100 gr.
en el hígado y unos 200 gr. en los músculos. Si se alcanza este límite, el
exceso de glucosa en la sangre se transforma en grasa y se acumula en el
tejido adiposo como reserva energética a largo plazo. A diferencia de las
grasas, el glucógeno retiene mucha agua y se mantiene hinchado en el cuerpo.
Al consumir el glucógeno, tras un período de ayuno o ejercicio físico
intenso, también se pierde el agua que retiene -1 kilo aproximadamente -, por
lo que puede parecer
que se ha disminuido de peso. Este agua se recupera en
cuanto se vuelve a comer.
Todos
los procesos metabólicos en los que intervienen los glúcidos están
controlados por el sistema nervioso central, que a través de la insulina
retira la glucosa de la sangre cuando su concentración es muy alta. Existen
otras hormonas, como el glucagón o la adrenalina, que tienen el efecto
contrario. Los diabéticos son personas que, o bien han perdido la capacidad
de segregar insulina, o las células de sus tejidos no son capaces de
reconocerla. Los diabéticos no pueden utilizar ni retirar la glucosa de la
sangre, por lo que caen fácilmente en estados de desnutrición celular y
están expuestos a múltiples afecciones.

El índice glucémico
Cuando
tomamos cualquier alimento rico en glúcidos, los niveles de glucosa en sangre
se incrementan progresivamente según se van digiriendo y asimilando los
almidones y azúcares que contienen. La velocidad a la que se digieren y
asimilan los diferentes alimentos depende del tipo de nutrientes que lo
componen, de la cantidad de fibra presente y de la composición del resto de
alimentos presentes en el estómago e intestino durante la digestión.
Para
valorar estos aspectos de la digestión se ha definido el índice
glucémico de un alimento cómo la relación entre el área de la curva de
la absorción de 50 gr. de glucosa pura a lo largo del tiempo, con la obtenida
al ingerir la misma cantidad de dicho alimento. Este índice es de gran importancia para los diabéticos, ya que deben evitar las subidas rápidas de
glucosa en sangre.
Necesidades diarias de
glúcidos
Los
glúcidos deben aportar el 55 ó 60 por ciento de las calorías de la dieta.
Sería posible vivir durante meses sin tomar carbohidratos, pero se recomienda
una cantidad mínima de unos 100 gr. diarios para evitar una combustión
inadecuada de las proteínas y las grasas (que produce amoniaco y cuerpos
cetónicos en la sangre) y pérdida de proteínas estructurales del propio
cuerpo. La cantidad máxima de glúcidos que podemos ingerir sólo está
limitado por su valor calórico y nuestras necesidades
energéticas, es decir,
por la obesidad que podamos tolerar.
