Una vez más he de recomendar la lectura de un artículo de Jorge Rey Valzacchi . Se trata del editorial aparecido este mes en la revista El Magazine de Horizonte.
Ya en su libro «Desafío a la mente» (Ed. Galápagos, Buenos Aires, 1981), el mítico creador del Logo, Seymour Papert, hablaba de aquello que él denominaba «fenómeno QWERTY».
Para quienes no lo conozcan y/o recuerden, aquí una síntesis: las teclas de las máquinas de escribir no están agrupadas de acuerdo a aquellas que más se utilizan, sino de una manera que, a primera vista, parece caótica. Sin embargo, esta disposición tiene una razón de ser: en sus primeros años, por problemas técnicos, ciertas teclas quedaban atascadas, motivo por el cual se efectuó una disposición que evitase tal efecto. Obviamente una forma más lógica de agrupar las teclas hubiera sido colocar en un sector todas aquellas que se utilizan más asiduamente, con lo cual se incrementaría la velocidad de tecleo.
Sin embargo, aún cuando las mejoras en las condiciones técnicas hicieron que ese problema desapareciese, tal disposición quedó acendrada tanto en quienes fabricaban máquinas de escribir como en quienes las utilizaban. La prueba más palpable de esto son los actuales teclados de las computadoras, que después de tantos años mantienen esa distribución.
Este «fenómeno QWERTY» (cuyo nombre hace referencia a la sucesión de las teclas de la segunda fila del lado izquierdo del teclado) se ha aplicado en numerosas situaciones para ejemplificar el lastre mental que provoca que apliquemos nuevas tecnologías con viejas metodologías. Los software educativos «enteractivos», denominados así porque los alumnos sólo se limitan a pulsar la tecla Enter para pasar de una pantalla a la siguiente, han sido (y lo siguen siendo) una prueba irrefutable de este accionar.
Hoy en día, y a la luz de las experiencias que cotidianamente vemos se van presentando en el campo del e-Learning, podemos corroborar que este fenómeno está omnipresente, aunque algunos no lo noten. En efecto, más que hablar de una metodología de e-Learning, estamos asistiendo a diversas técnicas de e-Reading (para leer algunos documentos en pdf), e-Listening (para escuchar la voz entrecortada del profesor) o de e-Watching (para ver algunos videos con la carita de un gurú, a manera de busto parlante). Evidentemente esto no cambia en nada la forma en que se aprende. A lo sumo podemos hablar de un cambio en la forma en que se entregan los contenidos.
Por eso es importante destacar que el e-Leanirng NO es la «educación a distancia adaptada a los nuevos medios de comunicación» como algunos pregonan (y luego aplican de manera equivocada como lo descripto en el párrafo anterior), sino un cambio paradigmático en la manera en que aprendemos. Así como en sus comienzos el cine era «teatro filmado» porque no se vislumbraban las enormes potencialidades que este nuevo arte tenía en sí mismo, el e-Learning no debe ser concebido como una educación a distancia agiornada a los tiempos de Internet.
Quizás para quienes crecimos en un entorno sin computadoras (porque no existían), cambiar esta forma de pensar y de actuar, sea difícil. Pero es la única que nos posibilitará comprender la verdadera naturaleza de las transformaciones y mejorar nuestro desempeño.
Hasta la próxima.







Decía una amiga mía que cuando uno se apunta a un curso lo mejor es la bibliografía que da el profesor, el intercambio de ideas cara a cara entre profesor/ponente y alumnos durante la clase y las cervecitas aliñadas de comentarios al salir. Para que un proyecto de E-learning funcione, como no hay cervecitas ni cara a a cara (miento, existen las videoconferencias) posibles y la buena bibliografía se sobreentiende, tiene que haber alguien detrás que impulse, modere y anime al intercambio de ideas y a la creación colectiva, si no, es un curso CCC. Y lo sé porque lo estoy sufriendo en mis carnes.
saludos
En el Diario Vasco apareció un artículo sobre un colegio que utilizaba la plataforma Moodle para dar «clases virtuales» en horario escolar. Sorprendentemente una alumna declaraba que prefería las clases presenciales ya que se aburría con este sistema. La sesión virtual consistía en leer un documento en el ordenador, seguir las indicaciones y contestar un test on-line. Estoy de acuerdo con la alumna y la compadezco y de paso compadezco a Isabel.
Otra muy buena es la de una profesora que tuve en un curso que vino pidiéndome ayuda porque no podía mandar una presentación PowerPoint (con imágenes conseguidas de Internet) de 4Mb a su tutor y ése era el trabajo final.
Le dije: ¿No has pedido ayuda a tu tutor? Me dijo: Sí, y me dice que todos los demás han mandado el trabajo sin problemas y que lo envíe en trozos. Y yo no sé trocear el PowerPoint.
La solución que le dí ya que su nivel de informática era básico fue que volviera a hacer su trabajo con imágenes que «pesaran» menos.
Finalmente consiguió enviarlo y «aprobar» y yo pensé que sería una bendición ser un tutor on-line (y cobrar) haciendo ese trabajo tan entregado.
Aunque el artículo es interesante abunda de nuevo en un tema conocido, confundir e-learning estrictamente con el delivery de contenidos. Y también confundir calidad con multimedia.
Nosotros hacemos cursos en mútilples formatos, y aunque la multimedia es interesante y supone alguna ventaja frente al texto en temas puntuales, el 90% del contenido tiende a ser texto.
El problema (o no) es que todos estamos orientados al texto, «somos seres textuales» 😉 desde que nos enseñan a leer y escribir hasta la vida adulta pasamos más de 20 años depurando nuestras habilidades con el libro, el lápiz y el papel. ¿Vamos a tirar todo por la borda?.
Pero como ya digo el texto no es el problema, ni siquiera la presunta «interactividad»… es el uso de las herramientas, es la colaboración y es el trabajo. El problema es que confundimos material de referencia con contenido formativo, evaluación con baterías de preguntas peregrinas, y trabajo práctico con ejercicios tipo repetidos mil veces.
Los cursos en los que obtenemos más éxito son una secuencia de actividades: algunas de lectura y auto-aprendizaje, otras de discusión, otras de razonamiento en solitario, de búsqueda de información, brainstroming, y otras de auto-evaluación… es la secuencia de acciones diréctamente relacionadas con los objetivos del curso, lo que hace nuestros cursos interesantes y útiles.
Esto suele ser lo más problemático tanto cuando trabajamos con expertos en contenido para producir nuestros propios cursos, como cuando trabajamos con las consultoras de formación, que suelen intentar vender siempre un mismo estilo de curso, lo que llamamos no sin cachondeo, «contenidos supervisados» 😉
El que haya vídeo, animación o simulaciones… es muy secundario. Lo que importa es permitir que el alumno participe, aunque sea por escrito, en lugar de ser mero lector/espectador.
Este fenomeno nos pasa frecuentemente en el diseño de sistemas, cuando se migra o se reconstruye una aplicacion vieja a una nueva plataforma, se conservar muchas estructuras que fueron diseñadas asi por una restricción de los sistemas anteriores y se conserva por la simple inercia, mas cuando los diseñadores originales ya no participan en el nuevo desarrollo, es por eso que siempre al que revizar los paradigmas durante el desarrollo.
que articulo tan bueno gracias por publicarlo me sirvio bastante gracias…..