Me ha parecido interesante el artículo de opinión que aparece en el diario Hoy cuyo autor es su director, Ángel Ortíz, titulado ¿Quién pulsa las teclas?
Era Carnaval, pero pudo haber sido otra fiesta popular o cualquier fin de semana. Un niño y una niña de 13 años fueron atendidos por la Cruz Roja de Badajoz a causa de una intoxicación etílica. ¡Trece años! Sin duda, se trata de la típica noticia que revienta contra el rompeolas de la realidad las soluciones globales al problema educativo, esos magníficos itinerarios curriculares, todas las sesudas decisiones de los ministros y ministras que, uno tras otro, han cargado con la pesada cartera de ‘Educación’ y la responsabilidad de cambiar leyes como quien cambia cromos. El episodio protagonizado por estos niños, ni por asomo aislado, indica que algo está fallando. En el aula o en casa. Si es en el aula, estamos a tiempo de corregirlo. Si es en casa, parece lógico deducir que el error se viene arrastrando desde hace ya tiempo; seguramente, desde que ocupábamos los pupitres quienes ahora mandamos en casa -quiero pensar que, todavía, mandan los padres-. Usted y yo sabemos perfectamente qué nos hubiese pasado de habernos calzado la borrachera del siglo con 13 años. O con 15. O incluso con 16. Yo, que sumo 37, recuerdo que vomité mi primera resaca con casi 18, pero también que la mirada de mi padre aquella noche hubiese ‘acojonado’ al mismísimo Hannibal Lecter… Hoy, en cambio, es más que probable que un jovencito en idénticas circunstancias responda con una peineta. Porque sí, porque tiene todo el derecho -argumentaría- y porque está de moda. O qué pasa, ¿que Aznar puede y yo no? Los responsables políticos continúan engañándose con que un curso de ESO arriba o abajo, la clase de Educación para la Ciudadanía, la pizarra digital y el portátil constituyen avances decisivos en la formación de ciudadanos inteligentes, trabajadores y socialmente responsables. No me haga caso, pero yo creo que no es suficiente. Al fin y al cabo, la tecnología abre nuevos caminos, pero no garantiza la elección de los mejores. De hecho, con un ordenador se puede curar el cáncer o declarar una guerra nuclear. Todo depende de quién pulse las teclas.
Me gustaría añadir que igual de reprobable o más que la «peineta» de Aznar es el comportamiento de los estudiantes que querían impedir la libertad de expresión del ex-presidente y casi nadie hace mención de ello, seguro que hace una «peineta» Clintón a un grupo de estudiantes que le llamen asesino y todos le reimos la gracia, si lo hiciera Obama probablemente se le haría un monumento a la peineta en los jardines de La Moncloa :-). Es más, estoy convencido que en EEUU si alguien insulta publicamente e impide la libertad de expresión de otra persona puede ser detenido para ser juzgado.







Qué bien que alguien se vaya haciendo eco de las crudas verdades y se deje ya de paños calientes.
Un saludo.
Me parece algo muy Injusto
Por que no encontrre mi tarea por ninguna parte y
que mal que siendo una pag. no tenga la informacion que uno solicita