Artículo de la profesora y escritora extremeña Pilar Galán publicado en el diario El Periódico Extremadura.

En esta entrevista al fiscal de Valencia a la pregunta "Usted sugirió que se podía pedir responsabilidad penal o civil a profesores o centros por hacer la vista gorda ante el acoso. ¿Alguien lo ha hecho?, el señor fiscal repondía:"Aún no, pero se puede hacer" y Pilar le responde con este artículo:

Yo maté a Kennedy , señor fiscal de menores de Valencia, por pura rabia. Me acuso, y no me arrepiento de ello. Es mi condición, señor fiscal, por eso no puedo arrepentirme. Soy culpable, sí, de todos los cargos, de todas las miserias de las que se me acusa. No tengo ni idea, eso para empezar y, lo que es peor, ni la tengo ni sé enseñar lo poco que sé, que ya es delito. Y no hago nada, y tengo muchas vacaciones y aburro a las piedras, y no me pongo al día en todo, ni me reciclo, y no hago excursiones porque me da miedo que pase algo, y eso que vivo mejor que nadie. Es más, me acuso de estar cansada, de creerme que este no es un trabajo cualquiera, sino algo especial, una vocación hermosa que nos permite pasarnos la mañana con los adultos del futuro. Por eso también me acuso de echarle demasiado entusiasmo, a quién se le ocurre, de partirme la cara todos los días para transmitir conocimientos que no les interesan y de que me digan que en tres horas a la semana tengo que educar en valores a alumnos que luego están recibiendo información en sentido contrario el resto de su vida. Así que, señor fiscal de menores, cómo no voy a estar de acuerdo con usted cuando dice que los principales responsables del acoso escolar somos nosotros, los profesores. Faltaría más. Nosotros que estamos con los alumnos las veinticuatro horas del día, desde que se levantan hasta que se acuestan, que vemos con ellos la tele, que jugamos a la videoconsola, que les acompañamos al botellón, que les negamos la posibilidad de entrar dignamente en el mundo laboral, que les permitimos beber en la calle hasta las tantas, porque en nuestra maldad, que es mucha, no les ofrecemos otra posibilidad de ocio. Nosotros que les enseñamos que, para triunfar, lo mejor es dar muchas voces en alguno de los miles de programas dedicados a los insultos gratuitos, o encerrarse para construir una casa o pasarse meses mirando a las musarañas para ganar millones. Tiene usted toda la razón del mundo. No se explica cómo no nos damos cuenta de que un alumno es acosado. Si me lo permite, se lo explico. La razón es que somos malos, malísimos. Porque en las dos o tres horas que les damos de clase a la semana, puede que no se dé ninguna situación de acoso y, si se da, primero hay que convencer al alumno acosado para que denuncie, porque resulta, señor fiscal, que una vez que los desalmados de los profesores acaban su jornada, el mundo sigue, y el acoso en el centro no es más que el reflejo del acoso en la calle, en el parque, en cualquier lugar. Y ahí no estamos nosotros para protegerles. Pero ustedes sí, claro que los culpables somos nosotros. Y si acepta denunciar, hay que abrir un expediente al acosador y demostrar no sólo su culpabilidad sino también nuestra inocencia. Por ejemplo, que no tenemos manía a ese alumno acosador, que tampoco se la tenemos a sus padres, que cómo vamos a expulsar a un alumno, que cómo vamos a encontrar testigos que se atrevan a hablar, que cómo vamos a seguir sobreviviendo sabiendo que no tenemos ningún recurso, que, a lo sumo, se irá a su casa tres o cinco días, pero que luego vuelve. Y que podemos trasladarlo de centro, pero eso sólo supone aplazar la solución de un problema. Tiene usted más razón que un santo. Diga usted que sí y recuérdeles a todos que se puede actuar legalmente contra nosotros, los profesores, malditos desalmados que incluso a veces se atreven a llevar a los niños de excursión. Desalmados e inconscientes, como si no supiéramos que si un alumno, desoyendo nuestras indicaciones o nuestros consejos, sufre algún daño, también somos culpables de ese daño. A quién se le ocurre irse por esos mundos para que los alumnos conozcan cosas. Hombre, por favor. Ha abierto usted los ojos a toda la sociedad. Muchísimas gracias. No sabe usted cuánto le agradezco que nos haya echado a todo el mundo encima. En fin, que somos culpables. Ya se lo dije al principio. Culpables de todo, así que aprovecho para confesar que fui yo quien mató a Kennedy y, si me apura usted mucho, también participé en lo de J. Lennon y en Vietnam. Y en lo del brazo de Cervantes , allá en Lepanto. Y lo hice todo por pura rabia. La misma que siento cuando leo declaraciones como las suyas. Qué sinvivir, Dios mío.