El escritor de origen irlandés Frank McCourt, mundialmente famoso por Las cenizas de Ángela, la biografía sobre su madre, de la que vendió más de 20 millones de libros, vuelve con El profesor, donde cuenta su experiencia durante treinta años en el que define como el oficio más difícil del mundo.

La semana pasada pude leer diversas entrevistas realizdas a este escritor que ejerció como profesor durante 30 años en Nueva York, algunas preguntas/respuestas que me llamaron la atención fueron:

P. ¿Hablamos de la reforma educativa, la eterna asignatura pendiente?

R. La mejor reforma educativa sería deshacernos de los políticos. ¿Acaso les dicen a los médicos "agarra así el bisturí y corta por aquí"? Pues eso es lo que hacen con los profesores. Nos dicen: "Esto es lo que debéis hacer y si no, no os damos el dinero". Mi idea de la educación es enseñar a los niños a pensar críticamente y por ellos mismos. Si los chavales piensan sólo en los exámenes y las notas, actúan por miedo, y así no hay manera de pensar independientemente. Es la misma estrategia de la religión.

P. ¿Qué consejo le daría a un profesor novato?

R. Las cosas funcionan en clase cuando disfrutas con lo que estás haciendo; si los chavales descubren que no te apasiona lo que haces, eres profesor muerto. Mi libro no sólo ha despertado vocaciones de profesor, también ha desanimado a muchos otros que se lo estaban pensando.

P. ¿Y qué me dice de lo mal pagada y valorada que está la profesión?

R. ¡Ah, la mala reputación del profesor! Tenemos que hacer algo para darle una imagen sexy a nuestra profesión, y necesitamos sobre todo un notable aumento de sueldo. No es justo que cobremos menos que los bomberos o los policías y que no tengamos para vivir con nuestra misérrima pensión. No es de extrañar que el 50% de los profesores arrojen la toalla a los cuatro años. Arrastramos la mala fama del pasado y no se valora nuestro esfuerzo. No es sólo el tiempo, es la energía que le dedicas. Imagínese lo que pueden desgastarle a uno 12.000 estudiantes en 30 años.

Entrevista publicada en El Mundo