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El artículo Todos con Cabanillas tiene un montón de sabrosos comentarios entre ellos el de Mariano (padre de mi amigo e ilustre catedrático de Latín felizmente jubilado) y su mujer (profesora también felizmente jubilada). Insisto en lo de felizmente jubilados porque no se hacen una idea de la que se están librando….

El claustro del IES Santiago Apóstol donde trabaja Carlos le apoya unanimemente e invitan a secundar una jornada de movilización el próximo día 7 de noviembre tras la sentencia condenatoria por «injurias y vejaciones a un alumno» para pedir un «sistema educativo de calidad y sin conflictividad».
Leer el comunicado completo en el blog del IES Santiago Apóstol.

 Creo que si esto hubiera sido un caso aislado no habría tenido tanta repercusión, este caso es un ejemplo más de los cientos de profesores que día a día han de sufrir todo tipo de atropellos en los centros educativos.
Le ha tocado ser bandera a Carlos como le podía haber tocado a cualquiera pero creo que hemos de aprovechar el caso para reclamar que se tomen medidas contra:

a) el acoso que sufre un elevado número de alumnos.
b) la chulería y mala educación con la que algunos padres nos tratan.
c) los alumnos que esperando cumplir 16 años para dejar el sistema educativo se dedican a joder al resto de sus compañeros (la mayoría) y provocan que gente con 40 años esté todo el día diciendo ¡ya me queda menos para la jubilación!. Para estos alumnos pido soluciones efectivas, alternativas para que se ilusionen con llegar a ser personas de provecho.
d) os animo a seguir ampliando el listado en los comentarios.

Al los responsables políticos les pido que nos escuchen de una maldita vez y que nos den al menos la mitad de autoridad que tienen los policias municipales del pueblo.

Lo dejo aquí porque se me está empezando a calentar la boca, ayer sin ir más lejos mi mujer fué insultada por una alumna delante de toda la clase.
Todos somos Cabanillas aunque no todos tenemos una web tan cojonuda como la suya…

En el periódico Hoy podemos leer:

Según la nota, este dictamen «pone de manifiesto el desconocimiento de la realidad objetiva en los centros de enseñanza secundaria por parte de la judicatura».

Señalan la situación de «indefensión jurídica del profesorado y el desprestigio de su labor docente». Añaden que lo sucedido «puede agravar la complicada situación de convivencia en los institutos ante la presencia de ciertos alumnos problemáticos alentados por la actitud pasiva, cuando no cómplice, de sus propios padres».
Señalan la situación de «indefensión jurídica del profesorado y el desprestigio de su labor docente». Añaden que lo sucedido «puede agravar la complicada situación de convivencia en los institutos ante la presencia de ciertos alumnos problemáticos alentados por la actitud pasiva, cuando no cómplice, de sus propios padres».

Además del claustro y el consejo escolar, la asociación de padres y madres del centro, el personal de administración y servicios se solidarizan con la causa. Todos ellos exigen «la declaración pública por parte de la Administración Educativa que se disipe cualquier tipo de duda acerca de la profesionalidad, competencia y honestidad de Carlos Cabanillas Núñez».

Piden a este mismo organismo que se les dote de los servicios necesarios para que no se repita un sentencia como esta, y que se respete y se tome conciencia social de su labor docente. «En este sentido se echan en falta recursos suficientes para trabajar con las familias en cuyo seno radica la problemática que después se refleja en nuestras aulas», apostillan.

Antecedentes

Los hechos por los que se condena a Carlos Cabanillas sucedieron hace dos años. El profesor ha contado a este periódico que apenas recuerda lo sucedido. Al parecer, y según la versión de Cabanillas, el perro de la conserje mordió al alumno. «Se presentó en mi despacho con algún rasguño y, al parecer, dicen que le dije ‘un perro sólo muerde a un gilipollas, ten cuidado’; y lo mandé a curar».

Carlos Cabanillas asegura que la relación con el alumno durante todo este tiempo ha sido normal. «Lo que no entiendo es por qué él y sus hermanos siguen matriculados en este centro. Yo no tendría a mi hija en un sitio donde es maltratada».

Al docente se le condena a pagar 100 euros y la tercera parte de las costas del juicio.