«¿Tu te levantarías a las ocho de la mañana para venir aquí y no hacer nada?», dice con suficiencia Rubén, un chico de 16 años que repite -mejor dicho, asiste de vez en cuando a clase- 3º de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) en un instituto que cuenta con cerca de 3.000 alumnos y al que ha llegado como última esperanza para sacarle de su absentismo y ayudarle a conseguir el título de Graduado. Seguir leyendo