El señor Zapatero y compañía ha decidido decir adiós al «cero patatero» de toda la vida en las calificaciones de los estudiantes, ¿será porque cero rima con el apellido del presidente?
Lo cierto es que ya no podremos decir a un alumno «niño te callas o te pongo un cero» y yo me niego a decirle lo mismo cambiando donde dice cero por el uno eso lo tengo muy claro.
Examen en blanco, uno al canto y así podríamos seguir con lo bonito y redondo que es un cero.
¿Lo habrán hecho con vistas a que muchos políticos logren alcanzar el ansiado 5 en la valoración que los ciudadanos hacen de ellos?
Yo si fuera alumno haría huelga pues si te ponen un 0 significa simplemente que no has estudiado nada pero que te pongan un 1 me parece que es una humillación. Ya no nos dejan ni sacar un cero, ¿dónde vamos a llegar?
¿Tendrá en mente la Ministra de Educación eliminar el fracaso escolar si su partido continúa 4 años más en el poder eliminando progresivamente el 1,2,3 y el 4?
De ese modo podría llegar el ansiado día en el que todos los padres veremos como mínimo un 5 de nota media en el boletín de nuestros hijos ¡ qué alegría, qué alboroto !
Mucho mejor que yo escribe sobre el tema Pilar Galán Rodríguez, extraordinaria profesora y escritora extremeña en el artículo publicado en el Periódico Extremadura

Mucho estaba durando el cero en este mundo que empieza siempre la casa por el tejado. Pobre. Tan gordito. Tan políticamente incorrecto con su obesidad redonda. Dónde va a parar al lado de ese uno tan esbelto.

Eliminemos el cero. De todos es sabido que al eliminar la marca del suspenso, eliminaremos también la causa de este. Ya no habrá más roscos, cerapios, oes de boca abierta que consigan lo mismo de los padres. Ahora los boletines estarán llenos de unos airosos como soldaditos haciendo la instrucción.

Un palote a cambio de no saber hacer la o con un canuto (cero al fin y al cabo). Un uno a cambio de nada. El único problema es qué pasará cuando el uno, se convierta también en la marca del proscrito. Nada, nada, sin problemas, los boletines se llenarán de doses, y luego de treses, y hasta de dieces, que no son más que unos y ceros en comandita. Alteremos los valores de los números pero no los corazones de los alumnos.

Como siempre, estas cabecitas pensantes del sistema educativo, que no han dado una clase desde que se jubiló Platón en la Academia, creen que el nombre es la cosa nombrada. Y que primero va el efecto y luego la causa. Dejémonos de enredar tanto y a ver si se dedican a pensar por qué hay tantos unos o ceros, como quiera que vayan a llamarse ahora. Por qué un alumno no abre nunca el libro, por qué prefiere estar hasta los dieciséis mirando por la ventana. Mientras no solucionen esto, qué más da lo que pongamos. Lo otro no es más que dar vueltas de burro en la noria, vueltas redondas e inútiles, como el tiempo de los griegos, circular, cerrado y antiguo. Como el cero. Patatero. Y a mucha honra.