…leo el periódico. El titular de la primera página es el desastre de los índices escolares de lectura en España. Sólo hace unos días la enigmática ministra de Educación aseguró que ella no ve ningún problema en que los chicos usen el teléfono móvil mientras están en clase. La enseñanza pública se deteriora irreparablemente en España gracias a una conspiración de ignorancia tramada desde hace años por la chusma política y la secta pedagógica y las autoridades ya tienen un culpable: el franquismo. Quién si no. Como mi tierra natal está incluso a la cola del desastre leo que la consejera de Educación de la Junta de Andalucía ha descubierto una causa todavía más lejana: nuestro atraso histórico. A ellos, los socialistas que llevan gobernando en Andalucía un cuarto de siglo, que los registren. Pienso en mis maestros, los que me enseñaron contra viento y marea a leer y a escribir y a amar el conocimiento en años de oscurantismo y pobreza; pienso en tantos profesores vocacionales y derrotados que conozco, en las cartas despectivas o perdonavidas o del todo insultantes de pedagogos y expertos, de enchufados de diverso pelaje, que he recibido sin falta cada vez que he escrito sobre las quejas amargas de mis amigos profesores y sobre lo que yo estaba descubriendo con mis propios ojos con sólo hojear los libros de texto de mis hijos y escuchar las historias que me contaban al volver de la escuela. A los expertos, a los gurús de la jerga psicopedagógica y a los enchufados no les cabía la menor duda: los que alertábamos sobre la degradación de la enseñanza nos habíamos vuelto de derechas y no sabíamos nada, no entendíamos de nada. Ellos sí que entendían: a la vista están los resultados.
Extraido del magnífico artículo publicado en el diario El país El libro ilimitado







¡¡Aaaaaaaamen!!
Hola Francisco, en cuanto salió el artículo de Muñoz Molina, hace un par de semanas, lo colgé en mi blog y ha dado lugar a un cierto debate. Además ha tenido una notable influencia en el gremio de profes, siempre excluidos del debate educativo, aún cuando somos quienes estamos dentro de las aulas, en beneficio de la casta de liberados sindicales, pedagogos de despacho, enchufados varios y politiquillos de tres al cuarto que están destrozando la educación en España. Una conjura de los necios, como bien los ha definido Muñoz Molina, que está dejando inermes a aquellos que tienen en la educación pública la única posibilidad de prosperar en la vida.
Un saludo. Alfredo Rivero
Después de leer distintas reflexiones y comentarios sobre el excelente artículo de Muñoz Molina me decido a hacer un comentario. Y como este blog es una de mis Lecturas recomendadas, lo hago aquí.
Admiro a Muñoz Molina no sólo con novelista, cuya obra literaria y periodística aprecio y disfruto enormemente desde hace años, sino también por su valentía a la hora de defender al profesorado. Es imprescindible que figuras de su talla denuncien algunas de las situaciones con las que convivimos a diario desde hace años. Pero después de sus palabras no puedo menos que preguntarme cómo podría hacer yo por mis alumnos de la playa de El Dedo o de La Pelusa, en El Palo, Málaga, lo que hicieron por él sus maestros. Creo que el contexto en el que él creció y las situaciones que se vivían en el aula cuando él estudiaba son muy distintas a las actuales.
Yo hace mucho que renuncié a utilizar mi experiencia personal como alumno como referente para mi práctica docente. Creo que hay muchas cosas que hoy sencillamente no son posibles. Y después de dieciocho años de docencia en institutos, no en despachos ni en cátedras universitarias bien distantes del aula, me parece que esta profesión se ha vuelto mucho más compleja; aunque a mí me sigue pareciendo apasionante.
No sé qué opináis…
Estoy convencido de que el índice de lectores en España no se corresponde con otro indice, este muy personal, que paso a comentar: Soy universitario por cusualidad.Decidí estudiar tardiamente y ahora no puedo despagarme del estudio, de la lectura de toda clase de libros y , si escasearan, de prospectos médicos. Pero mi pregunta en voz alta es esta:Dónde están los que leen.En mi entorno muy pocos lo hacen, y los que sí, salvando gustos y preferencias, lo hacen sobre novelas y libros de escaso interés. Quién lee a los clásicos;quién historia;quién lo hace. ¿Qué se debe hacer para inculcar el amor a la serena lectura,al aprendizaje que lleva a la duda?