Vicente Díaz inspector de Educación denuncia acertadamente en un artículo publicado en Información.es un rasgo llamativo y poco debatido de nuestra educación que viene asociado a esa desafortunada y partidista "teoría de la indiferencia", según la cual las políticas educativas contribuirían poco o nada a explicar las diferencias de resultados entre los sistemas educativos de países desarrollados.
Yo lo digo más llanamente, en nuestro país si la Educación funcionara bien los políticos gobernantes presumirían de ello pero al no ser así le echan la culpa a padres, profesores, televisión etc. Hay que decirlo alto y claro el éxito o fracaso de la Educación es en gran parte del Ministerio de Educación y las Consejerías ya está bien de quitarse responsabilidades de encima. Harto estoy al igual que Vicente de los que explican los resultados de los escolares españoles apelando a nuestro infausto pasado y a nuestro inferior grado de riqueza. En el artículo podemos leer:
Por el contrario, mi punto de partida es que las políticas educativas (con minúsculas) sí importan, y que hay políticas educativas comprometidas con el éxito escolar. Sólo hay que aplicar a las políticas educativas las consecuencias de ese principio evangélico que reza: "el que busca, halla". Como suele repetir F. López Rupérez, "más que el producto de una suerte de azar (o de absurdos gatos de Schrödinger encerrados en la educación) la obtención de buenos resultados parece la consecuencia de una acción planificada e inteligente que deriva de una cultura, se traduce en un conjunto coherente de políticas públicas orientadas al objetivo y contribuye a consolidar esa misma cultura de una generación a la siguiente".
Los programas electorales de los principales partidos españoles dejan mucho que desear en política educativa pero el responsable de la situación que nos ha tocado sufrir para bien y para mal es el partido que gobierna.






