Ante el anuncio por parte de la Consejería de Educación de Extremadura de poner un ordenador por alumno el profesor Carlos Cabanillas ha publicado este artículo el pasado martes en el diario Hoy.
NO debe de ser un mal momento éste, tras cuatro años de iniciarse el proceso de informatización de las aulas de Secundaria en Extremadura y recién anunciado el objetivo de la Consejería de Educación de dotar a los centros de un ordenador por alumno, para hacer un pequeño balance de qué ha supuesto, desde el punto de vista pedagógico y organizativo, tamaña inversión en máquinas y otros menesteres de la revolución tecnológica extremeña.
Y es que en 2004, cuando se produjo el desembarco de los equipos informáticos, se nos vendió el acontecimiento como el inicio de la gran transformación del sistema educativo, una transformación de la que Extremadura se jactaba de ser pionera. Veamos qué es lo que tenemos cuatro años después, y con ello procuraré explicar por qué digo que todo esto no ha devenido en más que una falacia.
Creo que hoy convergen en el proceso de informatización de nuestras aulas dos tipos de problemas: por un lado, los de infraestructuras, de mantenimiento y actualización de los equipos informáticos; por otro lado, los superestructurales, la falta total de adecuación del sistema educativo a ese nuevo modelo que se pretendía -al menos de palabra- con la incorporación de las herramientas tecnológicas.
En cuanto a los problemas de infraestructuras, poco se puede añadir a lo evidente: los que trabajan en las aulas de Secundaria saben qué es lo que tenemos. Equipos obsoletos que apenas dan para pasar lista en ese mastodóntico timo que es Rayuela y poco más. Cada vez que entro en el aula e intento trabajar con los ordenadores, confirmo la sospecha de que todo este boato informático no es más que una pantomima. Lloro ante mis alumnos, y procuro explicarles que las cosas no son siempre así, que fuera del centro, con otros equipos y otras conexiones a Internet, se pueden hacer cosas muy interesantes.
Pero aún más grave que estos problemas materiales es el problema de superestructura, el problema ideológico: no hay ningún signo visible que indique que nuestra forma de enseñar haya cambiado con los ordenadores, ni de que los alumnos hayan modificado un ápice su forma de aprender. Veo, en definitiva, lo mismo que veía en mis tiempos de estudiante y, con seguridad, lo mismo que podría haber visto muchos años más atrás. Pregunten a sus hijos, observen cómo estudian, y luego piensen si su forma de hacerlo es muy diferente de lo que ustedes hacían: ponerse delante de un libro de texto y memorizar contenidos. Y es que, antes que las máquinas, son necesarias la revolución metodológica y la actualización del profesorado, actualización que no consiste en hacer cursos sobre cómo manejar un editor de imágenes o cómo usar un procesador de textos, sino en estrategias para enseñar a los jóvenes del siglo XXI: una sólida formación pedagógica destinada a un profesorado que no ha recibido durante sus estudios universitarios la mínima noción de qué es enseñar.
Esta reflexión sobre la informatización de las aulas es especialmente pertinente ahora, cuando la Consejería de Educación ha anunciado la pretensión de alcanzar la ratio de un ordenador por alumno en la E.S.O. La idea, que en el plano teórico puede y debe contar con el aplauso de cuantos estamos convencidos del poder de la tecnología en la revolución educativa, asusta sobremanera viniendo de quien viene: una administración que ha usado y manipulado la informatización del sistema educativo para sus intereses políticos, y ha obviado la complicidad del profesorado, sin cuya colaboración todas las máquinas que se pongan acabarán vírgenes en el vasto, triste y esperpéntico cementerio tecnológico que están llegando a ser nuestros institutos.
CARLOS CABANILLAS NÚÑEZ es profesor de Latín del IES Santiago Apóstol de Almendralejo







Una vez más disfruto de uno de los artículos de “opinión” de Carlos Cabanillas, como solía disfrutar del célebre desaparecido Tomate cuando quería desconectar mi mente de cosas serias: un 10% de verdad y un 90% de Tomate.
Supongo que como miembro de la sociedad del siglo XXI que el Sr. Cabanillas es, esta opinión que expresa en su artículo, estará fundamentada tras haber consultado y contrastado múltiples fuentes, pues según escribe, parece que trabaja en todos los centros de Extremadura ,claro que para opiniones ….
Supongo que uno presta su oído a lo que quiere que la realidad sea…
Otros compañeros podemos contar otras historias, y es que la realidad se ve según el cristal con que se mira…, a otros les funcionan los equipos, otros pasan lista en Rayuela y se alegran de la existencia un sistema que facilite esta tarea, otros utilizan más y más las tecnologías de la información y comunicación (TIC) en sus clases y disfrutan de ir cambiando poco a poco cómo enseñan y cómo aprenden sus alumnos, y lo hacen de forma callada, demasiado ocupados en esta apasionante tarea como para perder el tiempo en la queja constante que parece ser uno de los pasatiempos favoritos de nuestro escritor.
Algunos entienden que lo de “un ordenador por alumno” es un esfuerzo de la adminisitración educativa para asegurarse que nuestros estudiantes dispondrán de las armas para que su aprendizaje tenga lugar en comunidad: en la comunidad global que la poderosa red pone al alcance de la mano con las herramientas que borran las fronteras de la clase física y abren todo un mundo de posibilidades para que, entre otras cosas, el profesor cambie su papel del pasado como único transmisor de conocimiento, al papel de orientador o «coach» del proceso de aprendizaje de alumnos conectados con la información y con las personas.
Lo que pasa Sr.Cabanillas es que no es fácil, ni rápido cambiar actitudes y comportamientos y menos cambiar un sistema de enseñaza-aprendizaje que lleva siglos siendo de una determinada manera.
Oportunidades de formación del profesorado en el uso de las TIC en las aulas hay muchas y sólo tiene que pasarse por las webs de los CPRs de nuestra comunidad para darse cuenta de que es así. Otra cosa es que los profesores estemos preparados para querer cambiar (ya que tenemos el lujo de poder elegir), para salir de la “zona confortable”, conocida, y aventurarnos a otros mundos que entrañan riesgo para quien no los conoce.
A lo mejor, el Sr. Cabanillas quiere que, como en otros países, se nos “obligue” a todos los docentes, trabajadores del mundo de la enseñanza al fin y al cabo, a realizar cursos de formación en TICS y a que las utilicemos en nuestro quehacer diario. Y a lo mejor, Sr. Cabanillas es una buena idea, pues por nuestro papel de responsabilidad en la formación de nuevas generaciones, quizás no deberíamos tener elección en ese sentido, como la tenemos ahora en España, donde aún “cada maestrillo tiene su librillo” y se respeta.
Y no quiero terminar mi comentario, sin contarle un Secreto…..
El Secreto es un interesante documental sobre la vida, sobre cómo se atrae lo que se piensa, sobre cómo cambiar la propia actitud para que cambie el mundo.
A lo mejor todo va de eso, de actitudes más que de cualquier otra cosa y a lo mejor en nuestra comunidad no son los equipos los que están obsoletos sino nuestras actitudes.
Pues sí, Sra. Linares, hablo con muchos compañeros y conozco la realidad de muchos centros. No todos, claro: tal vez usted quiera contar cómo funciona el suyo.
Sí, Sra. Linares, yo también paso lista con Rayuela. También la pasaba el curso pasado…, pero lo hacía gratis.
Sí, Sra. Linares, yo también intento, porque estoy convencido de que es el camino, sacar el aula de las cuatro paredes. Pero he de confesar que no los consigo: pregunte a mis alumnos qué les ocurre cuando tienen que trabajar con Google Docs o simplemente abrir un PDF. Es algo que se puede entender fácilmente si se conoce cómo funciona la banda ancha de los institutos extremeños.
Y qué me va a contar, Sra. Linares, de los C.P.R. y sus cursos de formación.
Por último, Sra. Linares, no soy yo el que quiere obligar a nadie a nada: sólo quiero desarrollar mi trabajo de la mejor manera posible, y cuando las cosas se hacen tan mal como en Extremadura, comprenderá que sólo me quede quejarme. Más bien es la Administración la que me está obligando a mí: me obliga a dar mis clases en aulas llenas de ordenadores, y entenderá que haya compañeros a los que eso tal vez no les guste; me obliga a pasar lista con Rayuela, y tal vez yo prefiera mi libreta de hule; me obliga a introducir un apartado de uso de nuevas tecnologías en la programación de mi asignatura, y quizá yo no quiera ni acercarme a internet. ¿Quién obliga a quién?
En fin, Sra. Linares, como usted dice, cada uno cuenta la feria según le va.
Creo que Carlos no cuestiona, y su presencia en la red así lo acredita sobradamente, la conveniencia de poner ordenadores en los centros pero eso puede hacerse de muchas maneras, en los extremos está hacerlo bien y mal y soy de la opinión de que en Extremadura se ha hecho muy mal.
Lo que caracteriza una buena gestión es que mediante un proyecto inteligentemente diseñado se le saca un aceptable rendimiento a la inversión realizada cosa que no ha sucedido con carácter general en nuestra región. Eso no está en contradicción con el hecho de que apesar de la mala gestión y escasos resultados existan grupos de profesores que le hayan sacado cierto pratido a los ordenadores en el aula entre los que Julia se incluye.
En nuestra región todo se hace por y para los profesores pero sin contar con su opinión, la última muestra de ello es que nos hemos enterado por la prensa del Plan de Refuerzo a llevar a cabo voluntariamente por las tarde los meses de Abril y Mayo.
Yo apuesto por usar las herramientas de la web 2.0 con mis alumnos y me ocurre igual que a Carlos , Internet es muy lento y los ordenadores cada dos por tres se quedan «colgados», en una clase de 55 minutos hora se pierden 30 en resolver problemas técnicos, eso se lo dice un profesor de los que pueden ser considerados bien formados, imagínese un profesor principiante en el uso de las TIC.
Estoy de acuerdo con Julia que hay muchos profesores que por comodidad no han intentado innovar, muchos alumnos cuando les pregustas te dicen que no han encendido el ordenador en todo el año en la mayor parte de las asignaturas.
Mi pregunta es ¿ si desde el pricipio hubiese habido un buen plan y se hubiese contado con la complicidad del profesorado hubiesen sido tan nefastos los resultados?
La Junta no quiere participar en el informe Pisa ni tiene pensado encargar un informe objetivo sobre el uso de las TIC ¿ a qué le teme?
¡Cuánto que decir! ¿por dónde empiezo?
-En mis cuatro centros, todos a cual mejor, he visto y he vivido lo mismo. Contamos con ordenadores pero no con mucho más. La lentitud impera, la imaginación no da para inventar más excusas ante las quejas del alumnado cuando fallan los ordenadores y el año pasa entre algunos entusiastas indignados al no poder hacer aquéllo en lo que creen con firmeza. Pues sí, se cree en el cambio metodológico pero tristemente se comprueba que no se produce ni por asomo. Se comienzan trabajos en casa, se gestionan desde casa y en muchas ocasiones no se pasa de ahí, de compartir con otros y hacer terapia de grupo cuando se tiene ocasión. Pero seamos serios, ¿se están beneficiando tanto los alumnos de todo este trabajo como verdaderamente se quiere hacer ver?, no lo sé Sra Julia, permítame a mí también, por lo poco que conozco, tener mis dudas al respecto. Porque verá, el cambio de actitud es cierto que cuesta, pero hay otros cambios que no son tan costosos y tampoco se producen o…¿es casualidad que cada año deba comenzar enseñando a mis alumnos, independientemente de que estén en 3º de la ESO o en 2º de Bachillerato, a abrir una cuenta de correo electrónico? Cuatro años dan para mucho, pero ¿a qué hemos dedicado el tiempo? a vender la moto a algunos y ofertar a otros cursos para luego acreditar que cuentan con una formación específica en nuevas tecnologías, aunque no se haga uso de ella. Pues sí, así estamos, los CPR ofertan muchos cursos pero tristemente nos encontramos con algunos profesionales con muchos méritos y pocos puntos y otros con muchos puntos adquiridos sin demasiado mérito. Ya me dirá usted qué camino he de seguir…
– Sobre los planes de refuerzo, mejor ni hablar Paco. Resulta que el milagro de las clases particulares se va a cargar el principio de la evaluación continua y aquí no pasa nada. ¿Se necesita algo más de pedagogía, un poco más de cordura o mitad y mitad?
Si obviamos los extremos, sin dejar de ser un tanto escépticos con el estado de cosas en el que está la cuestión del fomento de las TICs en Extremadura, es cierto que cabe algunas reflexiones tras unos años de intento de aumentar no sólo el uso administrativo (Rayuela) de los ordenadores, sino su aplicación en las aulas. Contaba la Junta con un profesorado muy poco alfabetizado; impuso un sistema de informatización masivo, relegando la voluntad del docente a esas dos actitudes que se perciben en el debate: o bien un pesimismo teñido de cabreo profesional, también en algunos casos pura pasividad de quien sabe que nadie va a ponerte una pistola si no usas «ese aparato», o un intento casi heroico por tomarse las cosas con calma y usar las TICs para algunas actividades de aula que en casi todos los casos quitan mucho tiempo no sólo en el aula, sino en casa. Y sin reconocimiento, si es que se necesita.
La lectura de la Junta supongo que será más infantil, aunque pragmática: da tiempo al tiempo, que algo se usarán, y ya iremos metiendo al personal en vereda. Además, la imagen de los ordenadores en los medios de comunicación siempre luce de cara a los padres-electorado.
Este va a ser un matrimonio (Junta-docente) para largo. Pasividad y un poquito de escepticismo supongo que serán la tónica emocional de la profesión en muchos, muchos años. Hasta que hasta los cerebros sean digitales. Quien sabe.
Quisriera aportar dos ideas:
1.- En este curso he asistido a 2 congresos, que en esto de las TIC muchas cosas deben decir: EDUCARED e Innova (http://innova.usal.es/) y no recuerdo Extremeños.
2.- Y sobre los profesores (¿¿innovadores?!) comentar que
I. El profesorado necesita una formación TIC dirigida o aplicada a su profesión, las TIC como herramientas y no como objetivo. Más formación en la nueva práctica educativa y menos en las herramientas en sí. Necesita un tiempo de planificación, elaboración o compilación de materiales, para la reflexión y la evaluación de la experiencia, tiempo que actualmente no se contempla y por tanto lo que se hace es a iniciativa particular, pero no estructuralmente por la administración. También daría miedo pensar que ocurriría si esto se tradujera en puntos, los sindicatos (como con los sexenios) abogarían por darlo a quien tuviera un ordenador en casa.
II. El profesorado también necesita de un apoyo cercano para llevar la innovación al aula. Esta formación cercana también requiere un tiempo y esfuerzo de otros profesores que tampoco es reconocido por dicha administración.
Salu2 Joaquín. Desde Sevilla.
[…] Esto es parte de un comentario a la entrada en la que Paco reproduce un artículo mío en el Diario HOY. Lo reproduzco aquí porque querría aclarar algunas cosas, más que nada porque no me gusta la imagen que de mí pueden hacerse quienes no me conocen y sólo me leen de cuando en cuando en la prensa. Y espero que me disculpéis esta entrada demasiado personalista. […]
Sólo comentaré una frase de Julia, que he oído en varias formas muchas veces. «Otra cosa es que los profesores estemos preparados para querer cambiar (ya que tenemos el lujo de poder elegir), para salir de la “zona confortable”, conocida, y aventurarnos a otros mundos que entrañan riesgo para quien no los conoce.»
Que somos unos comodones por no asumir riesgos, vaya. Pero habíamos quedado en que los garbanzos los tenemos asegurados, que lo que vamos a enseñar nosotros ya nos lo sabemos… ¿De qué riesgo hablamos, pues? Muy sencillo, del riesgo de que nuestros alumnos se pasen los ratos esperando a que se reinicie el bicho, de que no aprendan nada o, peor, de que pierdan la confianza en que les podamos enseñar gran cosa. El riesgo, en suma, de que sean víctimas de la empanada mental o política de quienes tenemos su formación en las manos.
Conocerás la expresión «los experimentos en casa y con gaseosa». Pues eso, que a lo mejor los profesores renuentes no son unos golfos sino, afortunadamente para los hijos de todos, gente responsable que huele las pantomimas a distancia.
Pompilo,
Me refería al riesgo de perder el control sobre la clase y lo que sucede en ella.
La introducción de la tecnología para aprender y enseñar entraña tales cambios sobre qué es ser profesor y qué es ser alumno, que no me extraña que si podemos elegir, prefiramos lo «malo conocido a lo bueno por conocer» y nos quedemos quietecitos en nuestra agridulce rutina: control sin sobresaltos nuevos, uno de los cuales estoy de acuerdo, puede ser que la tecnología te deje colgado y tengamos que hacer uso de un plan B. Claro que también nos perdemos las satisfacciones que puede dar el actuar como guía-acompañante de los estudiantes en su proceso individual ( en el marco del grupo) de adquisición de conocimientos y habilidades, que querámoslo o no, serán de vital importancia en su futuro.
De ninguna forma me parece que los profesores seamos unos golfos, de hecho me parece que la mayoría nos preocupamos de nuestros alumnos y nos gusta nuestra materia y con TICS o sin ellas, nos esforzamos por innovar en nuestro día a día por nosotros y por ellos.
Creo que como ya comenté los grandes cambios requieren tiempo y poco a poco son ya cada vez más los docentes que se apuntan a la aventura a pesar de todos los problemas que conocemos.
La clave para desarrollar un buen trabajo creo que se centra en la estrategia. Es cierto que la tecnología no puede estar ajena a la educación, pero todo cambio que se realice en este ámbito debe ser muy bien evaluado. No sólo se trata de ofrecer la mejor infraestructura a las instituciones educativas o decirles a los alumnos que la enseñanza va a ser diferente, es fundamental un análisis previo.
Antes de educar a los alumnos con los más modernos avances tecnológicos, primero se debe trabajar con los profesores. Si ellos no saben cómo es el trabajo usando los ordenadores, entonces, qué esperamos del aprendizaje de los alumnos. Por ello, es necesario que las organizaciones educativas de cada país trabajen en este aspecto y busquen que los profesores sean los primeros en aprender.
Asimismo, los cambios deben ser desde la educación inicial. Por más que los alumnos sean pequeños, tienen que ir conociendo todo lo que les espera. Y, en la educación superior, ya debe ser un conocimiento total. Como mencioné, lo primero es trabajar con los profesores. Evaluar sus conocimientos, los estudios realizados, el nivel de preparación, etc.
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