La selectividad tal y como la conocemos hasta la fecha tendrá sus cosas buenas y sus cosas mejorables pero lo que me gustaba de ella es que era justa y que su nota te valía para cualquier universidad de este país antes llamado España, la nueva me da muy mala espina y estamos todos tan calladitos.

Eso mismo pensaba Rebeca Moreno hace unos meses y sus reflexiones creo que merecen ser leídas.

Rebeca Moreno: La reforma de la Selectividad: Más flexibles, más precarias y precarios
Rebeca Moreno es militante de Espacio Alternativo

“Otro de los objetivos de esta reforma es que los estudiantes puedan cambiar de opinión en el último momento, a lo largo de su carrera o de su vida, para reciclarse y volver a cursar otros estudios. Gobierno, comunidades y universidades buscan así más movilidad.” Así explicaba el país [1] el proyecto de reforma de la selectividad que dará acceso a los nuevos grados universitarios; proyecto que el Gobierno lanza, una vez más, en verano y en silencio.

Llega la selectividad a la carta. En sintonía con el discurso de la “autonomía universitaria” las reformas que vamos conociendo ahondan en la fragmentación del sistema educativo. Cada centro podrá modificar los baremos de calificación para el acceso a determinadas carreras, es decir, la nota de selectividad ya no vale lo mismo en cualquier Universidad. Lo que llaman autonomía no es más que desregulación, las universidades deben competir para captar clientes y para situarse lo más alto posible en el ránking, para convertirse, digamos, en “universidades de prestigio”. El proceso de Bolonia es un todos contra todos donde se individualizan cada vez más los itinerarios educativos: cada centro “perfila” la prueba de acceso y diseña sus Grados y sus Másters y cada estudiante va configurando su curriculum individual, que ahora se reduce a una larga lista de destrezas que recogen lo que la/el futuro trabajador sabe hacer. Vamos, la panacea de la libertad y la flexibilidad.

La nueva Selectividad se dividirá en dos fases. En la primera, los estudiantes se examinarán -como en la actualidad- de las materias comunes (Lengua Castellana y Literatura, Lengua Extranjera, Historia o Filosofía y, en su caso, Lengua Oficial), aunque a esta prueba ahora se añadirá un examen de una asignatura de la modalidad elegida por el alumno, es decir, de una materia especializada perteneciente a una de las tres ramas de Bachillerato: Artes, Ciencias y Tecnología o Humanidades y Ciencias Sociales. En cuanto a la calificación, cada examen se puntuará de cero a diez, de tal forma que para poder ingresar en la universidad se necesitará sacar al menos un cinco en esta primera fase. Eso sí, excepcionalmente, para aquellos que tengan una media en Bachillerato superior al seis, se mantendrá el actual aprobado con un cuatro.

La segunda fase está enfocada a los estudiantes que quieran competir por una plaza en las carreras con mayor demanda. Bajo esta premisa, tendrán la opción de subir nota haciendo exámenes tipo test sobre otras materias de modalidades diferentes a las ya evaluadas en la primera fase, que deberán estar relacionadas con la titulación a la que se aspira, aunque no tiene por qué haberse cursado en el Bachillerato, y que serán determinadas por cada universidad al comienzo del curso.

Esta segunda fase es la que no me queda nada clara y me da muy mala espina, espero que algún avezado lector del blog me aclare su necesidad.

¿A nivel oficial a quien he de preguntar a la Ministra de Educación y Asuntos Sociales o a la Ministra de Ciencia e Innovación ?, espero que esten coordinadas…

DE todos modos ahora lo único que importa es que los bancos son pobres y hay que ayudarles, no procede meterse en estos temas menores.

En Consumer Eroski explican bien el nuevo embrollo en el que quieren meter a nuestros alumnos e hijos.